ESTUDIAR TEATRO O SÓLO ACTUACIÓN

Por José Ruiz Mercado.

Cometer errores no es una falla que degrade la figura del director. Los errores son maestros; cada vez que suceden recuerdo una frase que quizá es del dominio popular: alguien que tiene éxito es alguien que se equivocó muchas veces. Los errores son importantes, se debe tomar el tiempo para analizarlos a fondo y también para pedir una disculpa si es necesario. Lo importante no es la disculpa en sí, sino comunicar que se es consciente del error y que por lo tanto se hará todo lo posible para evitarlo en el futuro.

Lo anterior es de Inet Simental, actriz de Necrotono, grupo de Chihuahua, editado por el Instituto Chihuahuense de Cultura (septiembre del 2010), en coautoría con Raúl Valles: Un Estudio Sobre el actor.

Un análisis acerca de la corporalidad. Las reacciones obtenidas a partir de nuestra memoria emocional, las cuales dan, en el escenario el ritmo, la musicalidad corporal.

El trabajo actoral, el cual permite la verosimilitud en la actuación, lo visual como elemento dada la emotividad del personaje. Tan necesario en la danza, tan imprescindible en la teatralidad. No es la búsqueda de las acciones, sino las reacciones corporales realizadas a partir de dichas acciones.

He aquí la necesidad de reconocer nuestro cuerpo, de saber el como funcionamos: La memoria emocional en cada parte, para de ahí, construir nuestro personaje.

El libro está dividido en dos partes. La primera la escribe Raúl; la segunda Inet, cada uno con su visión del mundo, su estilo, su experiencia. Cada uno con una carga teórica que le da unidad al libro.

Raúl Valles nació en Chihuahua (1980). Actualmente trabaja en la segunda parte de su estudio del actor. Su obra dramatúrgica denota su conocimiento de la escena; su manejo del lenguaje nos da una revisión de la musicalidad que puede ofrecer el cuerpo.

En Rumbo a Vacío, publicado en septiembre del 2011, por el Instituto Chihuahuense de Cultura, además de que nos permite ver sus lecturas, nos topamos con una visión del mundo plena de ironía, de un convencimiento estilístico.

Cuatro obras de un cuidado en sus personajes, de una revisión al espacio escénico, propio para actores de la alta escuela. Una delicia para una propuesta inteligente.

En febrero del 2016, la colección Los Textos de la Capilla, le edita Escrituras Para la Escena. Una partitura de múltiples propuestas. Diez obras con su sello característico de la música y el tiempo.

Quisiera decir que todas me apasionan y, sí. Sin embargo una me atrapa, los gustos personales a veces nos ganan. Son como esa canasta de pan, la cual, desde la canasta misma nos llena los sentidos.

Quisiera decir que todas; insisto en ese sí. Luego de leer el libro una y otra vez me sigue la vista y el olfato Estudio Sobre el Tiempo, porque, como ahí dice, aquí no ha pasado nada, ni pasará, ni tiene porque pasar; la música está ahí presente.

José Ruiz Mercado

Dramaturgo, escritor, director, actor y docente.

Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Autor de numerosos libros de poesía, teatro, narrativa y ensayo.

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ESTUDIAR TEATRO O SÓLO ACTUACIÓN

Por José Ruiz Mercado.

Una comunidad teatral sana se deja ver, no por su cantidad de montajes, sino por la incursión de la familia teatral en su conjunto. Lo demás sólo nos indica una dependencia con la(s) capital(es) del espectáculo. Reza un refrán popular.

En el territorio de la psicosociología ese fenómeno de dependencia es denominado como una falta de identidad, la negación a los orígenes, en donde se presenta como una alteración al ego.

Al negar los orígenes se busca un sustituto. Aquí entra otro problema originado por una acción ideológica. Ese ejemplo es ideado por un algo superior comparativo; en donde, al no poder alcanzarlo, viene el sentimiento de inferioridad (la alteración del ego), el cual puede devenir en un sentimiento de agresividad.

El tener se convierte en ser. Si X tiene es porque es Y; y al no poder ser X entonces lo agredo. La mentalidad del mendigo, pero también las agresiones sexuales en todas sus representaciones.

En esta negación del ego trae variables. Por una parte, lo sexual, hasta lo criminológico; por otra, la negación de lo étnico, la búsqueda de la identidad en las diferencias de una cultura étnica, la dependencia de la provincia, tal como ya se ha mencionado.

Las Ubarry, de Oscar Liera (Navoloato Sinaloa, 1946-1990) nos presenta una visión de ésta descarnada alteración. Sin olvidarnos de Las Criadas, de Jean Genet.

Hay montajes históricos, claves. De Las Ubarry tuvimos un montaje de ejemplo, el hecho por Consuelo Pruneda con dos actores, en donde la estética de lo grotesco se vio, resaltando así la decadencia de los personajes, ese sometimiento a la conceptualización de la aristocracia al cual se aferran dos mujeres que se creen parte de una dinastía.

Edeberto (Pilo) Galindo es otro dramaturgo que nos habla de las consecuencias de este conflicto social. El Caimán y los Sapos, dignamente dirigida por Luis Bizarro, en Chihuahua, muestra este conflicto de la prostitución, el secuestro, el femicidio. La obra de Pilo presenta esta cultura minimizadora de la mujer y sus consecuencias.

Hoy día tenemos dos polos rectores del teatro mexicano. Por una parte, el centro sigue siendo importante gracias a los medios, quienes hacen eco de lo producido. La región norte con la querencia a sus autores, con teóricos de la escena, pero sobre todo con un entender su procedencia.

Pero, lo bueno es que no soy sociólogo, mucho menos psicólogo, ó, quizá, lo malo sea precisamente eso lo que me hace falta y, me quede en mencionar a algunos autores de la frontera norte.

Tan sólo me lleve a mencionar a Víctor Hugo Rascón Banda (a quien se le honra con llevar un teatro en Ciudad Juárez su nombre), a Oscar Liera, quien con su obra Cucara Macara, puso a la luz la intransigencia de un país sumergido en la misoginia, de Roberto Collera con El Estanque, en donde muestra, no sólo a una mujer en conflicto consigo misma, sino a un país que se destruye a sí mismo.

Pero, bueno. Ni soy sociólogo ni psicólogo.

José Ruiz Mercado

Dramaturgo, escritor, director, actor y docente.

Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Autor de numerosos libros de poesía, teatro, narrativa y ensayo.

ESTUDIAR TEATRO O SÓLO ACTUACIÓN

Por José Ruiz Mercado.

Por muchos años se ha manejado el concepto de provincia. Desde la visión romántica tan gustada por la ideología de los grupos hegemónicos, esos espacios en donde pareciera no haber transcurrido el tiempo, la nostalgia turística de fin de semana, hasta la minimizante.

El concepto de provincia tiene muchas acepciones en la actualidad. Desde su significado etimológico proveniente del latín, el cual se refiere a las estructuras del Estado romano, el cual constituye al territorio conquistado por el imperio fuera de Italia. Lo cual implica una dependencia con respecto del conquistador.

Luego, entonces, hablar de provincia es hablar de una dependencia con el poder central. Recordemos las bases del Derecho Romano y todo lo que conlleva. Si nos vamos más lejos, sin entrar a polémica, la declinación latina nos lleva a providencia y, si continuamos con la historia, estos territorios conquistados tenían la figura del cónsul, y la del subcónsul. El primero con un poder político, en donde, cuando un problema no se resolvía con el segundo, se buscaba la providencia del primero.

A la caída del Imperio Romano algunas formas se trasformaron. La Iberia, en sus guerras contra los moros se perpetuo con Castilla la vieja centralizando el poder en relación al territorio conquistado. Así escuchamos los conceptos de la provincia andaluza, la gallega, la portuguesa; todas con sus idiomas, sus etnias, sus luchas de liberación. La literatura ibérica nos da fiel cuenta de esto. Desde la poesía mozárabe de la alta Edad Media hasta la actual.

Con la conquista los problemas políticos de Castilla se heredaron acorde al territorio. Los lingüísticos también. No hay mejor conquista que la realizada por el lenguaje. La lengua única, el buen hablar. El hablar con propiedad, las diferencias clasificatorias entre el idioma y el dialecto.

Los estudiosos del teatro mexicano, entre otros Rodolfo Usigli, han sido ciertos en su afirmación del estudio de la obra de Juan Ruiz de Alarcón para comprender la escena actual. No tanto por su temática, sino para comprender el pluralismo lingüístico y la etnicidad.

Estudiar a un autor por su temática es quedarnos en la superficie. Lo importante de la obra es su tratamiento, el como utiliza las herramientas de la escena, de la literatura. El lenguaje todo.

Regresando al concepto provincia, en el México actual, en su visión peyorativa, tenemos, desde la inocencia provinciana, la cual se ve, desde el lenguaje entrecomillado del personaje, hasta la prostitución legitimada.

Ejemplos los tenemos. La novela multicitada de Federico Gamboa: Santa, con su respectiva versión cinematográfica, pasando por la música popular en los ejemplos de Agustín Lara; sin olvidarnos de algunos autores añorantes ideológicos del pasado indígena y la paz de las buenas conciencias provincianas. Y por supuesto, al personaje de la India María.

Se me viene a la memoria una obra, la cual tuvo varias versiones, en sus montajes: Los arrieros con sus burros por la hermosa capital, de Willebaldo López.

Toda obra es un objeto de estudio. Contiene una estructura de pensamiento, de conocimiento. No es saber de qué trata, sino como lo trata. Es la aportación al mundo hecha por el autor. La obligación del analista es la interpretación de ese mundo.

En el teatro, ese analista primero es el director, luego los actores. Una tarea de conjunto. Después viene el público, que si bien, no tiene la obligación de saber los cómo y los por qué, entre más informado y menos ideologizado esté mejor; luego vendrá el crítico teatral, cuya obligación es la de tener las herramientas de análisis suficientes y una aptitud ética. Lo mediático permite vivir, pero también olvidar. Eso jamás debe olvidar el analista de los medios.

Dice un gran amigo mío: El error de los médicos está en los panteones y, bueno, todos vamos a morir. El error de los críticos está en las redes sociales y, bueno, no todos le entramos al Internet.

Hay que saber donde se pisa.

José Ruiz Mercado

Dramaturgo, escritor, director, actor y docente.

Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Autor de numerosos libros de poesía, teatro, narrativa y ensayo.

ESTUDIAR TEATRO O SÓLO ACTUACIÓN

Por José Ruiz Mercado.

La visión abierta de una institución universitaria en los años cuarenta permitió colocar los cimientos a un teatro lleno de propuestas aisladas y remedos de estilos, los cuales, poco ó nada, tenían con la circunstancia de su momento.

La UNAM se convierte en la forjadora de dicha estructura acorde al ámbito de un país a la búsqueda de su identidad. Los grupos, sus propuestas; los antecedentes abrieron camino, sí, pero las circunstancias socio-políticas, impidieron su consolidación.

Los movimientos políticos de la Revolución, posteriormente la guerra cristera, aunado a la crisis económica del 29, auspició a una división ideológica entre los grupos beligerantes.

Se apostó entonces a la cultura como integradora de la paz social. Nace entonces un organismo vector, el Instituto Nacional de Bellas Artes. Binomio enriquecedor de un movimiento generador del teatro del Siglo XX.

Por un lado, el universitario, Rodolfo Usigli, Fernando Wagner, Seki Sano y Allan Lewis, el teórico olvidado. Por el otro, como jefe del departamento de teatro: Salvador Novo.

En el teatro universitario se dio un movimiento, el cual mostró la vertiente de  otra estructura escénica diferente a la que ya se conocía con Poesía en Voz Alta, en donde se mostró otra cara.

Salvador Novo abrió la puerta del gran coliseo de Palacio de Bellas Artes a los nuevos, los jóvenes de su momento: Emilio Carballido. Se da el gran movimiento de los cincuenta con Luisa Josefina Hernández, el propio Carballido, entre otros.

La ciudad crecía, las necesidades urbanas con ello. El teatro con temática urbana, con alusiones directas, con espacios reconocidos, las vecindades, los suburbios, los barrios.

Ya desde los cuarenta, Rodolfo Usigli se venía perfilando como el teórico, lo cual lo llevó a escribir obras de gran realce, lo histórico en lo ahistórico. Y escribe El Gesticulador.

Luego vendrá Vicente Leñero con su propuesta. Y escribirá Compañero, y escribirá Los Albañiles, y el teatro se verá engrandecido y, ya no será el mismo, por lo menos en el D.F.

José Ruiz Mercado

Dramaturgo, escritor, director, actor y docente.

Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Autor de numerosos libros de poesía, teatro, narrativa y ensayo.